El cumpleaños de la abuela Josefina

Hoy es el cumpleaños de la abuela Josefina y la tía Marta me ha llevado a su casa. La abuela Josefina tiene casi tantos años como yo, pero en humano, y, como es humana, no puede correr por las calles ni olfatear las esquinas ni comer restos de comida por las aceras, porque, cuando eres humano y cumples muchos años, se supone que tienes que comportarte con lo que los humanos llaman madurez, que no es otra cosa que aburrirse todo el día y parecer muy digno.

La abuela Josefina me ha recibido en su casa con una sonrisa, y me ha tocado el lomo un poco. La abuela Josefina siempre dice que a ella no le gustan mucho los perritos, porque son mucha responsabilidad y son pobrecitos, pero, luego, cuando paseo por su casa moviendo el rabo, rebuscando en los resquicios del suelo de la cocina algunas migajas de pan, me mira con dulzura y le dice a la tía Marta que pobrecito, que si ya se alimenta bien ese perrito, que se ve que tiene hambre y que es una pena que no me den nada salvo las sabrosas bolitas. Y como yo sé que, si pudiera, la abuela Josefina me daría un enorme plato repleto de toda clase de comida, me siento al lado de ella, y apoyo mi cabecita en sus rodillas, y pongo cara de perrito bueno y obediente, de perrito que tiene una malvada tía Marta que sólo le da sabrosas bolitas, y de perrito que pasa mucha hambre. Y la abuela Josefina sonríe sin querer, y me acaricia la cabecita con mucha dignidad, como hacen los humanos que han cumplido sus años.

En la casa de la abuela Josefina había un montón de comida para merender. Olía a lomo, a jamón, a aceitunas, a queso, a patatas fritas, a almendras y a lazos de chocolate y caramelo, así que me he dedicado a vigilar desde debajo de la mesa por si a las primas Cristina y María se les caía algún trozo. Pero la malvada tía Marta les ha repetido una y otra vez que nada de dar comida al perrito; que, si no, le iba a doler la tripa, y que luego iríamos a casa y ya comería las sabrosas bolitas. Pero como la tía Marta es de la manada de la abuela Josefina, y también demuestra su amor con la comida, se ha sentido muy culpable porque, aunque ella es mi miembro alfa y yo formo parte de su manada, no me ha dejado celebrar el cumpleaños de la abuela Josefina con un montón de comida, como a la abuela le gusta. Por eso, cuando hemos llegado a casa, además de las bolitas, me ha regalado un sabroso huesito en honor de la abuela Josefina.

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