De cumple a cumple…

Cuando los humanos cumplen años, hacen cosas muy raras. Se juntan con otros humanos de su manada, comen un montón, abren paquetes de colores que no esconden huesos, hablan sin parar, pero no se olisquean unos a otros ni juegan a correr por el jardín ni se paran a mear en  los árboles para olfatear los pises de los otros, que sería lo normal en una celebración en toda regla. Los humanos son muy raros, y cuando cumplen años son más raros aún. Lo digo porque hoy he estado en dos cumpleaños, el de la abuela Josefina y el de la prima Lucía.

La abuela Josefina ha preparado un montón de comida para toda su manada, incluida la tía Natalia, que, como vive a muuuuchas horas de paseo de aquí, cuando vuelve a casa de la abuela Josefina, come un montón, como hago yo cuando me llevan a andar durante horas y llego a la cocina y devoro las sabrosas bolitas en dos bocados, ñam, ñam, porque me he ganado las sabrosas bolitas, porque he caminado sin parar y sin perturbar a mi miembro alfa. Así que la abuela Josefina ha puesto un montón de cuencos en la mesa, y todos se han sentado a comer, ñam, ñam, y han hablado muy alto, como cuando la tía Marta me grita que ya vale, que no me muerda más la patita, y las primas María y Cristina me han tocado un montón, y luego han prendido fuego a un cuenco, y lo han soplado, y todos han cantado. Y, como estaban muy contentos, las primas María y Cristina me han dado un hueso de galleta, y yo también me he puesto muy contento, pero no he cantado, porque no sé, así que he movido el rabo sin parar de un lado a otro, para ver si me daban otro hueso, pero no había más.

Luego, por la tarde, la tía Marta me ha dicho que íbamos a ir al cumpleaños de la prima Lucía, que es una amiga de las primas María y Cristina, porque a las primas María y Cristina les haría mucha ilusión, y yo he movido el rabo sin parar, porque sabía que me iban a acariciar cientos de manos a la vez, y me iban tocar la cabecita, y el lomo, y me iban a decir que soy un buen perrito que no ladra y que se deja acariciar. Y cuando nos han visto, los primos Lucía, María, Cristina, Iria, Íñigo y Neila han venido a saludarme, y me han dado cientos de caricias, y me he sentido feliz porque soy un buen perrito al que le gusta que toquen sin parar.

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