Las curas de la tía Aran

Como la tía Marta estaba muy preocupada por mí, la tía Aran ha venido muy pronto esta mañana con un bote de crema y el primo Galay. El primo Galay es mucho más mayor que yo, le falta un ojo y, cuando la tia Aran no se encuentra cerca, se pone muy nervioso y se siente inseguro, porque sólo la tía Aran, que es la líder de su manada, consigue que el primo Galay se sienta como si no le faltara ese ojo y como si no tuviera todos esos años.

La tía Aran es muy buen miembro alfa, y me ha puesto panza arriba, y me ha tocado con una gasa mojada con una cosa que se llama suero al lado del pito, y luego me ha puesto la crema, y despúes me ha confeccionado una camiseta de gasa para que no me rasque ni me lama eso que las tías llaman irritación. Y, cuando me he levantado, he bajado la cola un montón, porque no me gusta nada que me pongan cosas raras en el cuerpo y que se rían de mí. Porque la tía Marta dice que parezco un maquinero, con la camiseta de gasa, y que soy un perrito tuneado.

Y luego la tía Marta se ha puesto muy nerviosa y ha gritado a la tía Aran que perrito tenía algo en el cuello, pero no en el cuello, sino en los pelos del cuello, y la tía Aran ha venido corriendo y ha dicho no sé qué de una garrapata, y de que estaba suelta, y de que estaba muerta, y la ha tirado. Y la tía Marta ha dicho que nada de que perrito vuelva al pantano, que la iba a matar a disgustos, y que a ver qué hacía perrito si la tía Marta se moría de un disgusto.

Y después ha pasado lo de la cama. Porque la tía Marta me dejó ayer domir en su enoooorme cama, porque me quiere un montón y porque le encanta chistarme cada vez que hago un amago de tocarme o de chuparme al lado del pito, y cuando ha ido a la habitación ha visto que esta noche había vomitado un poco, porque me sentía mal y he pensado que lo mejor sería vomitar. Y yo creía que la tía Marta iba a venir a regañarme sin parar, pero no ha sido así. La tía Marta se ha puesto muy blanca, porque encima de la cama había un hueso de paraguayo. Y la tía Marta ha venido donde mí con cara de susto y me ha acariciado un montón, y después ha suspirado. Y luego ha cambiado de tono de voz y me ha vuelto a decir que nada de volver al pantano, que mientras esté en su casa cumpla sus reglas, que cuando sea mayor y tenga mi propia casa que podré hacer lo que quiera, y que ahora entiende a la abuela Josefina. Y me ha dicho que me conoce desde hace dos años y medio y nunca me había pasado nada, y ahora en un día me pasaba todo a la vez, y que iba a acabar con ella. Y después me ha acariciado sin parar, porque la tía Marta me quiere un montón.

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