El cumpleaños de la tía Helena

Hoy es el cumpleaños de la tía Helena y la tía Marta me ha llevado a casa de la abuela Josefina para pasar el día con toda su manada. Cuando hemos entrado por la puerta, las primas María y Cristina me han gritado sin parar, y me han dicho que ya me habían puesto el bebedero, y me han llevado corriendo hasta la cocina para beber un montón de agua, porque hacía mucho calor. Pero, aunque las primas habían puesto el cuenco, no lo habían llenado de agua, y por mucho que lamía su interior no había nada dentro: ni agua ni comida, y la tía Natalia ha venido corriendo para ponerme agua, porque perrito tenía mucha sed. Y mientras la tía Natalia me llenaba el bebedero, las primas Cristina y María han empezado a cantar muy alto la canción del perrito pequeñito, que es una canción que se inventó la tía Marta para que me ponga muy nervioso, porque grita sin parar “¿quién es el perrito pequeñito?, ¿quién es el perrito pequeñito?”, mientras da vueltas alrededor mío. Y, cuando la canta, yo también doy vueltas alrededor de ella, porque la sigo todo el rato para que me acaricie, y al final la tía Marta dice que parece que bailamos los dos, y siempre termina tocándome un montón y riéndose sin parar. Y las primas han cantado  esa canción y luego nos hemos sentado a comer.

Durante la comida, me he pasado toooodo el rato debajo de la mesa, para ver si alguien me daba un trozo de comida, y a la tía Helena se le ha caído un poco de la cáscara de un bogavante y he corrido a cogerlo. Y la tía Helena ha empezado a gritar que me estaba comiendo un poco de cáscara, que se le había caído, y el tío José Ángel también ha gritado. Y todos han gritado, porque en casa de la abuela Josefina se grita sin parar. Y la tía Marta ha venido corriendo, pero perrito ya había masticado en dos bocados el pequeño trozo de cáscara que estaba la mar de bueno, y la tía Marta me ha dicho que ya está bien, que qué va a pensar su familia, que no sé comportarme, que parezco un perrito encontrado en una gasolinera que nunca ha conocido las sabrosas bolitas, que no se me puede dejar solo, y que la voy a matar a disgustos, porque no sabe si perrito puede digerir eso o no y que le genero ansiedad, y me ha puesto la correa y me ha situado lejos de la mesa. Y la he mirado con ojos de pobre perrito que necesita mucho amor y mucho cariño y que no sabe muy bien qué es lo que hace, y la tía Marta ha suspirado y me ha vuelto a soltar. Y luego he cogido un corcho de champán y  me lo he pasado la mar de bien mordiéndolo, hasta que la tía Marta me ha visto y ha venido corriendo para quitármelo, porque la tía Marta tiende a visulizar todo tipo de desgracias, como perrito ahogándose con un corcho de champán francés, porque dice que es una muerte muy chic, pero poco práctica de explicar.

Luego la tía Marta me ha dado dos huesos de galleta o dos galletas de hueso, porque había cosas con nata y crema y frutas, pero perrito no podía comer ningún trozo porque es perrito y no humano. Y, como me he portado muy bien, la tía Marta me ha dejado subir en su regazo y me ha tocado sin parar.

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