Aprendizaje canino

Cuando estábamos jugando esta tarde en el pasillo con bam bam, la tía Marta ha dicho que ya está bien, que siempre me tiene que quitar a bam bam de la boca por la fuerza y que ya soy un perrito lo suficientemente mayor como para que aprenda a dejar a bam bam a sus pies en el suelo y espere, sentado y tranquilo, a que me lo vuelva a tirar. Entonces la tía Marta ha empezado a hacer cosas muy raras. Cuando me tiraba a bam bam, yo corría por el pasillo a cogerlo y volvía moviendo el rabo sin parar, y entonces me decía “aquí, aquí” y señalaba al suelo, delante de ella, con el dedo. Y yo me apartaba de ella, como hago siempre, para que se acercara adonde mí a quitármelo y a acariciarme una y otra vez, y la tía Marta tenía que cogerme a la fuerza a bam bam y tiraba un montón, y después lo ponía en el suelo, delante de ella, y decía “aquí, aquí”. Y yo la miraba expectante, sentado y tranquilo, porque la tía Marta estaba haciendo cosas muy raras y, si estaba sentado y tranquilo, me acariciaba.

Después de lanzarme a bam bam un montón de veces, la tía Marta ha empezado a bufar, y ha farfullado que eso no funcionaba, que así perrito no iba a aprender nada, que había que recurrir a los clásicos para enseñarme porque con perrito las caricias y el cariño no eran suficientes, que con un poco de comida como recompensa seguro que aprendía, y ha abierto la caja mágica de las sabrosas bolitas, ha sacado unas pocas y las ha dejado encima de la mesa.

Entonces yo me he puesto muy nervioso porque olía a sabrosas bolitas por todos lados y he corrido de un lado a otro, y le he olisqueado las manos a la tía Marta, y me he metido debajo de las sillas y de la mesa, pero no había forma de encontrar las sabrosas bolitas. Y la tía Marta me ha tirado a bam bam por el pasillo y me ha dicho: “bam bam, ve a por bam bam”. Y yo he seguido buscando las sabrosas bolitas por la cocina, aunque bam bam estaba en el pasillo y aunque la tía Marta repetía una y otra vez que fuera a por bam bam. Y al final ha sido la tía Marta la que ha ido a recoger a bam bam y yo he seguido en la cocina buscando, porque mi olfato no me engaña, y las sabrosas bolitas, sin duda alguna, se escondían en esa habitación. Y la tía Marta ha dicho que conmigo no hay manera, que cuando huelo comida pierdo el norte, y ha empezado a reírse sin parar. Entonces, yo la he mirado fijamente, he movido el rabo de un lado a otro, y la tía Marta ha seguido riéndose y me ha dado las sabrosas bolitas porque me ha dicho que soy muy divertido.

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