Los fines de semana

Algunos días la tía Marta no se despierta con ese pitido muy fuerte que deja sordo a perrito pero apenas inmuta a la tía. Esos días la tía Marta duerme horas y horas, y luego se levanta despacio, y no desayuna corriendo, sino con mucha tranquilidad, y cuando salimos a la calle a hacer los primeros pises, estamos un montón de tiempo olisqueando la hierba, jugando y dando vueltas por los jardines. Y cuando pasa todo eso sé que es fin de semana.

Me encantan los fines de semana, porque la tía Marta pasa un montón de tiempo conmigo. Si nos quedamos en casa, la tía me tira a bam bam y luego se pone a mover las cosas de una lado a otro, y coge un palo muy largo y junta todos los pelos de perrito que hay por toda la casa, y me dice que con todos esos pelos podríamos crearme un hermanito igual de grande que yo, y luego mete ropa en un agujero y después la saca mojada, y abre la ventana y la ropa desaparece, y yo la sigo de un lado a otro y miro todo lo que hace, porque la tía Marta está en casa conmigo y es fin de semana. Y, si sale a la calle, no me deja en la camita de Sugus de fresa de la cocina, sino que me lleva con ella. Y, si me tiene que dejar en la camita de Sugus de fresa, no tarda horas y horas de sueño en volver, sino que regresa muy pronto, con bolsas repletas de comida que huelen la mar de bien. Definitivamente, me encantan los fines de semana.

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