Perrito antisistema

La tía Marta dice que tengo mucha suerte, porque, si cualquiera de los humanos que andan por la calle osara imitarme, acabaría detenido. Dice que lo mío es libertad de expresión activa, porque puedo mostrar lo que muchos piensan sin miedo a nada ni a nadie, porque, como soy perrito, la gente analiza mis actos como si fueran actos de perrito, aunque la tía Marta dice que yo soy más listo que nadie y que seguro que lo que hago esconde una reivindicación. Y cuando me cuenta todas esas cosas, que no termino de entender muy bien, la miro fijamente y muevo el rabo una y otra vez, y continúo con lo que más me gusta. Como mear en los troncos de unos árboles muy raros de metal que hay en las aceras. Y son tan raros que los humanos que van en las máquinas de cuatro ruedas que echan humo y atropellan a perritos meten monedas en ellos para que salga un papel. Y, si no sale el papel, le pegan golpes y dicen cosas como “multa, ticket de OTA y a ver dónde leches andará el vigilante”, y se enfadan un montón. Por eso cada vez que meo en un árbol de esos la tía Marta me anima y me dice que muy bien.

También me gusta echar un montón de pises en todas las obras que encuentro. Y, cuando lo hago, la tía murmura que tengo toda la razón, que ya es hora de que acaben esa calle, que parece el Escorial, y aplaude mi meada. Y a mí me hace mucha ilusión, porque siempre es bonito que tu miembro alfa congenie contigo. Y, cuando vamos lejos de casa, a parques diferentes del parque donde hago pises y cacas por las mañanas, la tía Marta me deja mear en un montón de sitios. Como en la esquina del edificio donde trabaja o en un edificio muy bonito rodeado de árboles que huele la mar de bien de pises de otros perritos y que la tía Marta llama Parlamento.

Pero lo que más le gusta a la tía Marta es cuando quiero hacer cacas y no hay hierba cerca, como me pasó el otro día, cuando fui a buscarla al trabajo. Como tenía muchas ganas, me paré en medio de la calle y tomé posición enfrente de un edificio muy cuidado, que tenía un cartel muy grande que decía “Banco”. Y ese día la tía Marta se sintió muy orgullosa de mí.

 

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