Fin de semana en Ullíbarri (I)

Hoy la tía Marta ha metido un montón de cosas suyas en la mochila y luego ha metido un montón de cosas mías en mi bolsa de ir de vacaciones a casa de otras tías, y me ha contado que íbamos a pasar el fin de semana en Ullíbarri, en casa de los tíos Natalia y Txetxu y de la pequeña Ane. Y yo me he puesto muy contento, porque, otras veces, cuando la tía Marta hace su mochila no hace mi bolsa o cuando llena la mía no llena la suya. Y lo de hoy significaba que los dos nos íbamos juntos de fin de semana.

Los tíos Natalia y Txetxu y la pequeña Ane viven en un pueblo, que es como una ciudad pero más pequeña, con muchos perritos sueltos por la calle, y un montón de verde, y menos máquinas de cuatro ruedas que echan humo y atropellan a perritos. Y, cuando hemos llegado, los tíos han señalado que había hinchables, porque eran las fiestas del pueblo, y nos hemos dirigido hacia allí todos juntos. Y yo caminaba muy contento, moviendo el rabo sin parar, aunque la tía Marta no me ha soltado porque me ha explicado que algunos perritos de pueblo no aceptan muy bien a los perritos de ciudad, y que quería cerciorarse de que no existía ningún problema. Y en los hinchables había más perritos sueltos, y me han olisqueado, y yo los he olido, y como nos hemos llevado muy bien, la tía Marta ha decidido soltarme. 

Entonces he conocido a Zuri, que es una perrita blanca muy maja, que me seguía una y otra vez, y yo la seguía a ella una y otra vez, y hemos jugado un montón mientras la tía Marta le explicaba a unos señores que no había problema porque a mí me habían hecho la operación de ahí abajo. Y hemos corrido de un lado a otro, y me he puesto encima de ella, y nos hemos tumbado, y hemos correteado al lado del castillo hinchable, repleto de niños, y de los señores que jugaban al mus, y de todo el mundo. Y después de un montón de rato la tía Marta ha venido y me ha dicho que ya me valía, que menudo espectáculo estaba dando, que qué iban a pensar los lugareños del pequeño Argi, y me ha atado otra vez con la correa.

Después, la tía Marta me ha llevado a casa y me ha explicado que había una cena de las fiestas y que me tenía que quedar en casa de los tíos. Y me ha mirado con cara muy triste y de preocupación, y me ha adelantado que luego habría cohetes y que debía ser un perrito fuerte y valiente, y no ponerme nervioso. Así que ha puesto la camita de rayas azules, verdes y blancas en el baño, y me ha pedido que me quedase ahí. Pero antes de irse, me ha vuelto a mirar y ha dicho que ahí no estaría a gusto. Entonces me ha cambiado la camita al lado de las escaleras y me ha atado con la correa, y me ha pedido que me quedara allí, y se ha ido de casa, y yo me he quedado allí tumbado. Y unos minutos después ha vuelto a casa y me ha soltado y me ha dicho que mejor estuviera suelto, porque atado le daba miedo, porque no quería que me ahogara con la correa, pero que debía demostrar que era un perrito mayor y bueno y no romper nada. Y me he quedado allí, y no he roto nada.

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