El collar antipulgas

Esta noche, cuando estábamos en el salón, la tía Marta me ha llamado muy seria y me ha ordenado que fuera donde ella. Y, como es mi miembro alfa, yo le he hecho caso y me he acercado muy contento, porque, la mayoría de las veces, cuando la tía Marta me llama es para tocarme un montón. Entonces me ha acariciado una y otra vez y me ha explicado que tenía que ser un buen perrito y obedecer en todo lo que me dijera. Así que me he sentado a su lado, en el suelo, y la tía Marta ha sacado un paquete de una bolsa. Y yo me he puesto muy nervioso porque en las bolsas hay comida. Entonces la tía Marta me ha mirado muy seria y me ha dicho que no fuera ansioso, que lo que había en esa bolsa no se podía comer, que si me comía lo que había en esa bolsa me moría y que me estuviera quieto.

Después, la tía ha abierto el paquete y ha sacado una bolsa de aluminio y un papel. Y ha estado un montón de tiempo mirando el papel, de un lado y de otro. Luego, ha abierto la bolsa y se ha puesto muy seria, y me ha dicho que no me moviera y, como me he movido un poco, me ha chistado, y entonces me he quedado muy quieto, como cuando viene un perrito que se cree líder de la manada y tienes que dejarle que te olfatee primero. Como estaba sin moverme, la tía ha aprovechado para desenrollar una tira roja que olía muy mal y me la ha puesto alrededor del cuello, y me ha chistado otra vez para que estuviera muy quieto. Y entonces la tía Marta ha empezado a decir cosas muy feas, y ha bufado un montón, y ha entrado en pánico porque se ha roto una cosa de la tira roja que olía muy mal, y ha dicho que menudas instrucciones, que mucho collar antipulgas y antigarrapatas, pero que no tenía lógica, que pobre perrito y que pobre tía Marta. Y lo ha vuelto a enrollar y a meterlo en la bolsa de aluminio, y se ha ido a lavar las manos con mucho jabón, y luego ha hablado por teléfono.

Después de colgar, la tía me ha vuelto a llamar, y me he quedado muy quieto de nuevo, y ha sacado otra vez el collar, y me lo ha puesto. Y ha cogido una cosa y me ha dicho que no me moviera, y, como he movido la cabeza para ver qué era esa cosa, me ha chistado y me he parado. Y lo que había cogido eran unas tijeras, porque ha cortado un trozo del collar. Y luego me ha metido los dedos entre el cuello y el collar y me ha preguntado si estaba bien. Y yo la he mirado con los ojos muy tristes, porque el collar olía muy mal y ahora lo tenía en cuello, y me he tumbado en mi camita de rayas verdes, azules y blancas. Y luego, mientras intentaba descansar en mi camita, la tía Marta me ha llamado una y otra vez, cada poco tiempo, para ver si estaba bien. Y al principio levantaba la cabeza y al final, como mucho, movía el rabo cada vez que oía mi nombre, porque no sabía cómo hacerle entender a la tía que estaba bien y que sólo quería descansar.

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