En el concesionario

Esta tarde la tía Marta ha llevado al veterinario a la máquina de cuatro ruedas que echa humo y atropella a perritos y, como la tia me quiere un montón, me ha dejado ir con ella. Por eso, cuando ha venido de trabajar al mediodía, no me ha sacado a pasear al parque de los pises y cacas de al lado, sino que me ha puesto el arnés rojo que no me gusta nada y me ha sentado en el asiento de atrás de la máquina de cuatro ruedas que echa humo y atropella a perritos. Y me ha atado el cinturón con el arnés y me ha dicho que en menos que me como un cuenco de bolitas habríamos llegado a lo que ella llama concesionario. Y así ha sido.

En el concesionario había un chico que ha hablado con la tía y que me ha acariciado un montón cuando me ha visto, y yo he movido el rabo sin parar, para que me acariciara más. Luego la tía ha dejado allí la máquina de cuatro ruedas que atropella a perritos, me ha atado con la correa y nos hemos ido a pasear por unas calles llenas de árboles, que olian a pises de perritos. Y, al final, hemos llegado a un parque enoorme, lleno de árboles, donde he olfateado cientos de rastros de otros perritos. Y, como hacía mucho calor, la tía ha llenado de agua una bolsa negra para cacas y me ha dado de beber. Y luego ella, como también quería beber, no se ha llenado de nuevo la bolsa de cacas, sino que se ha sentado en una terraza y me ha soltado para que pudiera inspeccionar alrededor, porque había hierba, y árbóles, y bancos, y restos de servilletas. Y he paseado por toooodas las mesas de las terrazas, y los que estaban allí me han dicho cosas muy bonitas, como ¡qué majo!, ¡qué simpático!, y me han tocado el lomo y la cabeza. Y, como no volvía, porque me lo estaba pasando la mar de bien inspeccionando y recibiendo caricias, la tía Marta ha venido muy seria, me ha atado y me ha dicho que ya estaba bien, que me quedase al lado de su mesa tumbado, que menudo disgusto le iba a dar si me perdía y que me portara como un perrito bueno. Así que me he tumbado al lado de la tía.

Cuando ya ha pasado un buen tiempo, la tía me ha llevado de vuelta donde el veterinario de la máquina de cuatro ruedas que echa humo y atropella a perritos, y el chico me ha vuelto a tocar un montón y ha dicho que soy muy majo.

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