Los olvidos de la tía Marta

Hoy he salido de casa a pasear la mar de contento, porque la tía Marta no se ha ido rápido por la mañana, sino que se ha levantado más tarde y ha estado conmigo en casa haciendo cosas, y luego nos hemos ido a la calle. Pero los paseos de hoy han sido diferentes a los de otros días, porque, aunque yo he olfateado como siempre los culos de otros perritos, los árboles,  las farolas, y la hierba, a la tía Marta se le ha olvidado quitarme la correa.

Por eso, cuando ya estábamos en el parque y habíamos paseado un buen trecho y veía que la tía Marta no me soltaba, me he parado y la he mirado muy fijamente, para que se acordara de que, como estábamos en el parque, tenía que dejarme andar a mi aire, para poder husmear bien todos los rincones y buscar restos de comida por el suelo. Pero ella me ha mirado también fijamente y me ha dicho muy seria que eso les pasa a los perritos que no saben comportarse y que engullen todos los restos que se encuentran por la calle, que acaban castigados y paseando atados, y que así debía aprender la lección. Luego, ha tirado un poco de la correa para que yo siguiera andando y para zanjar la discusión. Y yo he reiniciado mi paso todo recto, husmeando bien el suelo, porque seguro que en algún sitio había un trozo de comida esperando mi llegada.

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