El Mundial de Triatlón

Esta mañana la tía Marta me ha llevado a ver a unos humanos que corrían sin parar y a los que les aplaudían y gritaban a su paso otros montones de humanos. Y, como yo no sabía muy bien qué era eso, la tía Marta me ha explicado que era el Mundial de Triatlón y que tenía que portarme muy bien, porque había mucha gente viendo la prueba y esa gente tenía muchos pies que podían pisar a perrito. Así que yo me he sentado al lado de la tía Marta, muy quieto, muy quieto, porque los humanos que observaban a los que corrían gritaban un montón, y sonaba música muy alta de unos altavoces, y se oían un montón de pitos.

Los humanos a veces me dan miedo, porque en ocasiones, sin venir muy a cuento, hacen un montón de ruido. Por eso, cuando la tía Marta me ha dicho que íbamos a ir con los tíos a tomar algo a un bar, me he incorporado muy rápido y he salido corriendo, tirando de la correa con todas mis fuerzas, para que la tía Marta se diera prisa. Y, como no me gustaba nada todo el ruido y toda la gente con sus pies que pisan a perritos, he bajado la cola y la he metido entre las patas traseras.

Cuando hemos llegado al bar, me he puesto muy contento, porque ya no había tanto ruido y en el suelo había servilletas, huesos de aceitunas y restos de pintxos que olían muy bien, aunque la tía Marta ha apartado todo con el pie y me ha ordenado que me sentara tranquilo, sin tirar de la correa ni liársela. Y no le he hecho caso.

Luego, después de un rato, la tía y los tíos han dicho que ya se acababa la prueba y que lo mejor era ver el final de carrera en la plaza. Así que han decidido salir del bar, sin preguntarme ni nada. Como no me parecía justa la idea, porque volvíamos al ruido, he bajado el rabo otra vez y me he quedado muy quieto, a pesar de que la tía Marta tiraba de la correa. Entonces, la tía Marta me ha acariciado y me ha dicho que no pasaba nada, que yo decidía: en brazos, como un cachorro pequeño, o andando, como un perrito mayor. Y, como seguía sin moverme, con la cola entre las patas traseras, la tía Marta me ha cogido en brazos, me ha acariciado un poco, me ha sacado del bar y me ha vuelto a poner en el suelo.  Entonces he levantado la cola muy alto, porque prefiero oír ruido a que la tía Marta me lleve en brazos como un cachorro, y hemos visto el final de prueba en la plaza.

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