La fuente del parque

Cuando he salido a la calle esta tarde, hacía mucho calor. Así que he buscado todo el rato la sombra en el camino que hemos recorrido desde casa hasta el parque que no es el parque de los pises y cacas de las mañanas al que hemos ido a pasear. El parque que no es el parque de los pises y cacas de las mañanas estaba lleno de perritos y de niños, y la tía Marta y yo hemos andado de un lado a otro sin parar, olfateando los árboles, husmeando la hierba y olisqueando culos de perritos.

Después de un buen rato, he notado que estaba muy sediento. Lo he sabido porque, cuando tengo sed, me puedo ver la punta de la lengua, porque la lengua me sale un montón de la boca y respiro como bufando e intento refrescarme relamiéndome una y otra vez. Entonces, la tía Marta, que es mi miembro alfa y se preocupa un montón por mí, me ha ordenado que la siguiera y me ha llevado hasta una fuente. Sabía que era una fuente porque había un charco enorme debajo, y había restos de globos, que son una cosa de colores que no huele bien y no se puede comer, y algunos humanos apretaban a un sitio y salía agua.

La tía Marta me ha dicho que fuera donde ella, y me he acercado moviendo el rabo sin parar y con la lengua muy fuera. Entonces, la tía ha apretado en ese sitio muy suave y ha salido un poco de agua. Y, aunque ha puesto las manos en cuenco, no ha podido llenarlas de agua para perrito. Así que ha vuelto a apretar, esta vez muy fuerte, y ha salido un chorro enorme que salpicaba un montón y mojaba todo. Y yo me he separado corriendo de la fuente, y la tía Marta se ha calado enteros los pies y las piernas, pero ha conseguido llenarse las manos de agua para perrito. Pero yo no me aproximaba por si salía más agua a chorros y me empapaba, porque no me gusta mojarme y ya me bañé hace unos días. Entonces la tía me ha dicho que fuera de una vez, que debería darme vergüenza, que se había calado hasta los huesos para hidratar a perrito, que así le agradecía los sacrificios que hacía por mí y que ahora perrito era un señorito que no quería mojarse. Y, como la tía decía un montón de cosas y yo tenía sed, me he acercado muy rápido a beber y luego me he apartado un poco y me he quedado mirando a la tía, agitando la cola sin cesar, esperando a que la tía Marta volviera a darle a la fuente, se calara entera y me diera más agua.

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