Una pequeña sorpresa

Cuando paseábamos por el parque este mediodía, ha venido corriendo hacia mí una cosa peluda muy pequeña a la velocidad del rayo. Y la tía Marta ha lanzado un gritito, porque yo creo que no sabía muy bien qué era y seguro que pensaba que era una rata. Pero no era una rata, aunque tenía el tamaño de una rata y la velocidad de una rata. Aunque eso ya lo sabía yo, porque mi olfato no me engaña y olía a perrito, y era una pequeña bola rodeada de un montón de pelo marrón y negro. Y eso era, un cachorro de perrito la mar de pequeño, que quería jugar conmigo todo el rato.

Pero yo soy un perrito mayor, porque tengo muchos años, -como diez o más, porque no recuerdo muy bien cuándo nací y en los papeles de adopción tampoco me aclaran nada-. Y, como soy un perrito mayor, me he quedado muy quieto y he dejado al pequeño cachorro, que era perrita, que saltara sin parar delante de mí, y me olfateara bien, y correteara entre los pies de la tía Marta, que se reía sin parar y acariciaba al pequeño cachorro con mucho cuidado, porque la perrita se movía sin cesar de un lado a otro y era tan pequeña que cabía en una mano de la tía. Y después ha venido corriendo una chica y le ha ordenado a la perrita que se quedara quieta, que ya estaba bien, que estaba molestando al perrito y le ha explicado a la tía Marta no sé que cosa de que tenía cuatro meses o así. Y luego se han ido.

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