La manzana de la abuela Josefina

La tía Marta me ha llevado hoy por la mañana a casa de la abuela Josefina, porque tenía que dejar allí no sé qué cosas de botellas para la comida de mañana. Así que, en lugar de pasear por el parque de los pises y cacas, hemos recorrido tooodo el trayecto hasta casa de la abuela olfateando las esquinas, husmeando los árboles y haciendo cacas en medio de la acera.

Cuando hemos llegado, la abuela Josefina me ha saludo muy alto y me ha hablado mucho, y me ha dicho que pobrecito, que dónde estaba mi mamá, que qué tal se portaba conmigo la tía Marta, que el perrito es una responsabilidad y un montón de cosas más. Y luego se ha puesto a cortar una manzana y, como me ha visto mirándola con los ojos muy fijo, y sentado muy quieto a su lado, le ha preguntado a la tía Marta si podía darme un poco de manzana. Y la tía Marta ha observado a la abuela Josefina, que estaba deseando darme un trozo de manzana, porque la abuela Josefina demuestra su amor a su manada con la comida y ahora yo soy de su manada. Y luego me ha observado a mí, que me había sentado muy quieto al lado de la abuela, y notaba mis ojos casi fuera de sus órbitas. Y le ha dicho que bueno, pero que un trocito pequeñito. Y la abuela Josefina me ha dado lo que ella considera un trocito pequeño, que son tres o cuatro trocitos. Y lo he pasado la mar de bien.

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