Trabajo en sábado

Hoy ha sido un día muy raro, porque la tía Marta se ha levantado más tarde de lo normal, como hace los días en que no va a recaudar dinero para construir parques y jardines, pero luego ha pasado un montón de horas fuera, como cuando me dice que me quede quieto en la cocina “ahí, ahí”, porque se tiene que ir a trabajar.

Por la mañana, hemos paseado por el parque de los pises y cacas de las mañanas, pero hemos olisqueado muchos más árboles que nunca, y muchos más culitos de perros, y muchos más trozos de hierba. Luego la tía Marta ha atado la correa a una farola y me ha pedido que me sentara, y yo me he sentado porque siempre hago caso al líder de mi manada, y me ha acariciado en la cabeza varias veces y me ha repetido “ahí, ahí, ahí”, señalándome con el dedo, y ha entrado a una tienda y luego ha salido con una cosa en la mano que se llama periódico y con un trozo enorme de pan que olía la mar de bien. Me gusta mucho acompañar a la tía Marta a comprar el pan, porque, si olfateas bien, puedes distinguir desde fuera el olor de los bollos, del pan, de los pasteles y de un montón de cosas más.

Después, la tía Marta me ha llevado a casa, ha hecho su mochila y ha metido un montón de cosas, aunque ninguna era de perrito. Por eso, he seguido a la tía de un lado a otro por toda la casa, para que se acordara de mí y también cogiera mis cosas, pero la tía Marta me ha mirado con ojos muy tristes y muy culpables, y me ha explicado que no podía ser, que hoy perrito se tenía que quedar en casa como un perrito mayor porque la tía se iba a la piscina, y que en la piscina dejan entrar a niños pero no pueden entrar perritos; y que, como hacía calor, estaría mejor en casa, durmiendo en mi camita; y que ella volvería enseguida, en menos de lo que tardo en comerme un hueso de galleta o galleta de hueso. Y la tía me ha mirado otra vez con ojos muy tristes y culpables, y se ha ido.

Pero enseguida ha vuelto la tía. No sé cuánto ha tardado, porque me he quedado dormido en mi camita de Sugus de fresa, pero ha estado guay, porque, como tenía otra vez mirada culpable, hemos paseado un montón por el parque, y me lo he pasado la mar de bien.

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