El libro de la tía Marta

A veces la tía Marta se comporta como una desequilibrada. Como esta mañana. Como, según parece, hoy no tenía que ir a recaudar dinero para construir parques y jardines, la tía Marta se ha levantado más tarde de lo normal, pero, cuando hemos salido a la calle, no hemos ido directamente al parque de los pises y cacas de las mañanas, sino que hemos andado un montón por un montón de calles con un montón de tiendas. Y la tía Marta ha entrado a ese montón de tiendas en las que no había nada interesante, porque no olía a comida ni a perritos, sino a papel y a tinta, porque quería no-sé-qué-de-un-libro-de-un-diario que ni se come ni nada. Así que, en lugar de hacer pises entre los arbustos, los árboles y la hierba, he marcado mi camino por el asfalto parándome en las esquinas, en los bolardos y en las farolas. Y definitivamente no es lo mismo.

Después de un buen número de idas y venidas, la tía Marta ha debido encontrar lo que buscaba, y se ha puesto muy contenta. Y yo también me he puesto muy contento, porque la tía me ha llevado por fin a un jardín, que no ha sido el parque de los pises y cacas de las mañanas, y así he podido hacer cacas, y olfatear a otros perritos, y mear por todos los rincones como le gusta a todo buen perrito que se precie.

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