El cumpleaños de la tía Asun

Como hoy ha sido el cumpleaños de la tía Asun, la tía Marta me ha llevado a casa de la abuela Josefina. Pero, cuando hemos llegado, la tía Marta me ha metido en el cuarto de la abuela y me ha dicho muy seria que me sentara en el suelo, porque tenía que hablar conmigo. Entonces, ha puesto en la habitación mi bebedero de casa de la abuela con agua y una sábana la mar de fresca que la abuela me deja para que me pueda tumbar allí, y me ha explicado que toda su manada se iba a ir a no-sé-dónde a comer no-sé-qué y que perrito no podía ir porque en ese sitio no podían entrar perritos como yo, y que yo me tenía que quedar en casa, en esa habitación, y ser un buen perrito, y portarme muy bien para que la tía se sintiera muy orgullosa de mí, y que en menos que me como un hueso de galleta o galleta de hueso estarían de vuelta. Y yo me he quedado muy triste, porque yo quería ir también con toda la manada, pero no podía ser porque en el sitio al que iban no podía entrar. Y, antes de irse, la tía Marta me ha acariciado un montón y me ha dicho que soy el perrito más bonito del mundo mundial, y que me iba a echar mucho de menos.

Así que me he tumbado en la sábana la mar de fresca y he dormitado hasta que he oído la puerta de entrada de casa y me he puesto muy nervioso porque ya estaban aquí. Entonces, la tía Marta ha abierto la puerta de la habitación y yo he salido muy nervioso, moviendo el rabo sin parar, y todo gordo de la emoción. Y la tía se ha reído mucho, y ha cogido el bebedero y la sábana y las ha llevado de vuelta a la cocina. Y como me he portado muy bien, y era el cumpleaños de la tía Asun, la tía Asun me ha dado un hueso de galleta o galleta de hueso.

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La celebración de la tía Marta

Hoy la tía Marta ha celebrado su cumpleaños con su manada y me ha hecho mucha ilusión, porque la tía Marta dice que yo soy un miembro de su familia y que me quiere un montón y que no celebraría su cumpleaños si perrito no fuese un invitado más. Y hemos salido de casa los dos juntos, moviendo el rabo sin parar, porque estábamos muy contentos e íbamos a la casa de la abuela Josefina. Y por el camino la tía Marta ha entrado en un sitio que olía a chocolate, y a nata, y a crema, y a un montón de cosas más y ha cogido una bolsa enorme con dos tartas también enormes. Y me ha mirado muy seria y me ha dicho que sólo por esta vez no me pusiese a hacer cacas en medio de la calle, porque, si no, íbamos a montar un buen espectáculo con las tartas, el perrito y la tía Marta. Y yo la he hecho caso.

Luego, en casa de la abuela Josefina, la tía Marta me ha dado un hueso de galleta o una galleta de hueso, y me ha ordenado que me portara bien y que no la liara. Y yo le he hecho caso, porque siempre hago caso a la tía Marta. Entonces, no sé muy bien cómo, me he encontrado de repente con una cáscara de langostino en la boca y la tía Marta ha venido donde mí, y me la ha quitado de la boca, y me ha dicho que ya me vale, que en qué habíamos quedado, que ni se me ocurriera acercarme de nuevo a la cocina y que me quedara en el comedor, y yo he movido el rabo sin parar porque el langostino sabía la mar de bien. Y luego la tía ha abierto unos paquetes con regalos que no tenían huesos dentro, y me ha enseñado las cosas que había dentro, que no se podían comer.  Y, después de muchas horas, nos hemos ido corriendo porque la tía decía que llegaba tarde, y me ha dejado en nuestra casa con la tía Natalia y el tío Carlos, que hoy han venido a dormir conmigo, y la tía Marta se ha ido de nuevo. Y mucho más tarde, cuando ha regresado, la tía me ha acompañado a pasear por el parque, porque incluso a esas horas la tía Marta dice que soy un miembro de su familia y que me quiere un montón.

El cumpleaños de la tía Marta

Hoy ha sido un día guay, porque la tía Marta ha cumplido años. La tía Marta siempre dice que está mayor, pero hoy era verdad, porque ha cumplido un año más y, como era su cumpleaños, me ha dejado hacer un montón de cosas. Ayer me dejó dormir en una esquina encima de su cama, porque me explicó que perrito es como de la familia y, aunque a veces a la familia no se le deja ni entrar en tu vida, en el caso de perrito es distinto, porque me quiere mucho y soy el perrito más bueno del mundo mundial. Así que anoche me cogió y me subió a su cama, y he dormido allí, en una esquina, y cuando nos hemos despertado, me ha recordado que hoy era su cumpleaños, y yo he movido un poco el rabo y he seguido durmiendo, porque a veces la tía habla demasiado y la cama de la tía es cientos de veces más grande que la mía.

Luego, mucho más tarde, he ido a buscar a la tía Marta al trabajo. Nunca había ido allí, así que me he puesto muy contento, porque he visto el sitio donde recaudan dinero para hacer parques y jardines, aunque no he podido entrar, porque soy perrito y, como los perritos no pagan impuestos, no pueden entrar al edificio donde trabaja la tía Marta. Y cuando la tía ha salido del trabajo, hemos ido a casa de la abuela Josefina, y había un montón de comida, y la tía Marta me ha dado un trozo de una cosa que se llama solomillo y que, aunque mi mamá no lo debe de saber, es mucho más bueno que las sabrosas bolitas. Y, como era el cumpleaños de la tía, han comido una tarta que olía muy bien, pero que no he probado, porque la tía Marta dice que no quiere un perrito ciego, porque el azúcar tiene tarta o algo así, y eso deja ciego a los perritos.

Pero, aunque no he probado la tarta, la tía Marta se ha acordado de mí y me ha puesto no uno, sino tres huesos de galleta o galletas de hueso. Y antes de comerlas me ha dicho no sé qué cosa de que el pulpo Paul del mundial de fútbol era un aficionado y que el perrito Argi va a hacer furor. Y me ha atado con la correa y ha puesto los tres huesitos de galleta o galletas de huesitos encima de tres papeles, y me ha explicado no sé qué cosa de que en uno ponía “España”, en otro “Empate” y en otro “Irlanda”, y que yo iba a clarificar el futuro. Y luego me ha soltado y yo he corrido y me he comido uno de los huesos, y la tía ha gritado: “Empate, Argi dictamina empate” y, como seguía gritando, he corrido a otro y la tía ha dicho: “Ahora dice España”, y cuando iba a por el tercero, la tía ha cogido el hueso de galleta o la galleta de hueso antes de que yo lo alcanzara y me ha dicho que ya valía, que una cosa es una variante en una quiniela y otra apostar por todas las opciones, y que el perrito Argi terminaría haciendo furor por bulímico en lugar de por adivino. Y al final sólo me he comido dos huesos, pero me ha dado igual, porque hoy ha sido el cumpleaños de la tía Marta y ha sido un día muy especial.

El cumpleaños de la tía Helena

Hoy es el cumpleaños de la tía Helena y la tía Marta me ha llevado a casa de la abuela Josefina para pasar el día con toda su manada. Cuando hemos entrado por la puerta, las primas María y Cristina me han gritado sin parar, y me han dicho que ya me habían puesto el bebedero, y me han llevado corriendo hasta la cocina para beber un montón de agua, porque hacía mucho calor. Pero, aunque las primas habían puesto el cuenco, no lo habían llenado de agua, y por mucho que lamía su interior no había nada dentro: ni agua ni comida, y la tía Natalia ha venido corriendo para ponerme agua, porque perrito tenía mucha sed. Y mientras la tía Natalia me llenaba el bebedero, las primas Cristina y María han empezado a cantar muy alto la canción del perrito pequeñito, que es una canción que se inventó la tía Marta para que me ponga muy nervioso, porque grita sin parar “¿quién es el perrito pequeñito?, ¿quién es el perrito pequeñito?”, mientras da vueltas alrededor mío. Y, cuando la canta, yo también doy vueltas alrededor de ella, porque la sigo todo el rato para que me acaricie, y al final la tía Marta dice que parece que bailamos los dos, y siempre termina tocándome un montón y riéndose sin parar. Y las primas han cantado  esa canción y luego nos hemos sentado a comer.

Durante la comida, me he pasado toooodo el rato debajo de la mesa, para ver si alguien me daba un trozo de comida, y a la tía Helena se le ha caído un poco de la cáscara de un bogavante y he corrido a cogerlo. Y la tía Helena ha empezado a gritar que me estaba comiendo un poco de cáscara, que se le había caído, y el tío José Ángel también ha gritado. Y todos han gritado, porque en casa de la abuela Josefina se grita sin parar. Y la tía Marta ha venido corriendo, pero perrito ya había masticado en dos bocados el pequeño trozo de cáscara que estaba la mar de bueno, y la tía Marta me ha dicho que ya está bien, que qué va a pensar su familia, que no sé comportarme, que parezco un perrito encontrado en una gasolinera que nunca ha conocido las sabrosas bolitas, que no se me puede dejar solo, y que la voy a matar a disgustos, porque no sabe si perrito puede digerir eso o no y que le genero ansiedad, y me ha puesto la correa y me ha situado lejos de la mesa. Y la he mirado con ojos de pobre perrito que necesita mucho amor y mucho cariño y que no sabe muy bien qué es lo que hace, y la tía Marta ha suspirado y me ha vuelto a soltar. Y luego he cogido un corcho de champán y  me lo he pasado la mar de bien mordiéndolo, hasta que la tía Marta me ha visto y ha venido corriendo para quitármelo, porque la tía Marta tiende a visulizar todo tipo de desgracias, como perrito ahogándose con un corcho de champán francés, porque dice que es una muerte muy chic, pero poco práctica de explicar.

Luego la tía Marta me ha dado dos huesos de galleta o dos galletas de hueso, porque había cosas con nata y crema y frutas, pero perrito no podía comer ningún trozo porque es perrito y no humano. Y, como me he portado muy bien, la tía Marta me ha dejado subir en su regazo y me ha tocado sin parar.

De cumple a cumple…

Cuando los humanos cumplen años, hacen cosas muy raras. Se juntan con otros humanos de su manada, comen un montón, abren paquetes de colores que no esconden huesos, hablan sin parar, pero no se olisquean unos a otros ni juegan a correr por el jardín ni se paran a mear en  los árboles para olfatear los pises de los otros, que sería lo normal en una celebración en toda regla. Los humanos son muy raros, y cuando cumplen años son más raros aún. Lo digo porque hoy he estado en dos cumpleaños, el de la abuela Josefina y el de la prima Lucía.

La abuela Josefina ha preparado un montón de comida para toda su manada, incluida la tía Natalia, que, como vive a muuuuchas horas de paseo de aquí, cuando vuelve a casa de la abuela Josefina, come un montón, como hago yo cuando me llevan a andar durante horas y llego a la cocina y devoro las sabrosas bolitas en dos bocados, ñam, ñam, porque me he ganado las sabrosas bolitas, porque he caminado sin parar y sin perturbar a mi miembro alfa. Así que la abuela Josefina ha puesto un montón de cuencos en la mesa, y todos se han sentado a comer, ñam, ñam, y han hablado muy alto, como cuando la tía Marta me grita que ya vale, que no me muerda más la patita, y las primas María y Cristina me han tocado un montón, y luego han prendido fuego a un cuenco, y lo han soplado, y todos han cantado. Y, como estaban muy contentos, las primas María y Cristina me han dado un hueso de galleta, y yo también me he puesto muy contento, pero no he cantado, porque no sé, así que he movido el rabo sin parar de un lado a otro, para ver si me daban otro hueso, pero no había más.

Luego, por la tarde, la tía Marta me ha dicho que íbamos a ir al cumpleaños de la prima Lucía, que es una amiga de las primas María y Cristina, porque a las primas María y Cristina les haría mucha ilusión, y yo he movido el rabo sin parar, porque sabía que me iban a acariciar cientos de manos a la vez, y me iban tocar la cabecita, y el lomo, y me iban a decir que soy un buen perrito que no ladra y que se deja acariciar. Y cuando nos han visto, los primos Lucía, María, Cristina, Iria, Íñigo y Neila han venido a saludarme, y me han dado cientos de caricias, y me he sentido feliz porque soy un buen perrito al que le gusta que toquen sin parar.

El cumpleaños de la abuela Josefina

Hoy es el cumpleaños de la abuela Josefina y la tía Marta me ha llevado a su casa. La abuela Josefina tiene casi tantos años como yo, pero en humano, y, como es humana, no puede correr por las calles ni olfatear las esquinas ni comer restos de comida por las aceras, porque, cuando eres humano y cumples muchos años, se supone que tienes que comportarte con lo que los humanos llaman madurez, que no es otra cosa que aburrirse todo el día y parecer muy digno.

La abuela Josefina me ha recibido en su casa con una sonrisa, y me ha tocado el lomo un poco. La abuela Josefina siempre dice que a ella no le gustan mucho los perritos, porque son mucha responsabilidad y son pobrecitos, pero, luego, cuando paseo por su casa moviendo el rabo, rebuscando en los resquicios del suelo de la cocina algunas migajas de pan, me mira con dulzura y le dice a la tía Marta que pobrecito, que si ya se alimenta bien ese perrito, que se ve que tiene hambre y que es una pena que no me den nada salvo las sabrosas bolitas. Y como yo sé que, si pudiera, la abuela Josefina me daría un enorme plato repleto de toda clase de comida, me siento al lado de ella, y apoyo mi cabecita en sus rodillas, y pongo cara de perrito bueno y obediente, de perrito que tiene una malvada tía Marta que sólo le da sabrosas bolitas, y de perrito que pasa mucha hambre. Y la abuela Josefina sonríe sin querer, y me acaricia la cabecita con mucha dignidad, como hacen los humanos que han cumplido sus años.

En la casa de la abuela Josefina había un montón de comida para merender. Olía a lomo, a jamón, a aceitunas, a queso, a patatas fritas, a almendras y a lazos de chocolate y caramelo, así que me he dedicado a vigilar desde debajo de la mesa por si a las primas Cristina y María se les caía algún trozo. Pero la malvada tía Marta les ha repetido una y otra vez que nada de dar comida al perrito; que, si no, le iba a doler la tripa, y que luego iríamos a casa y ya comería las sabrosas bolitas. Pero como la tía Marta es de la manada de la abuela Josefina, y también demuestra su amor con la comida, se ha sentido muy culpable porque, aunque ella es mi miembro alfa y yo formo parte de su manada, no me ha dejado celebrar el cumpleaños de la abuela Josefina con un montón de comida, como a la abuela le gusta. Por eso, cuando hemos llegado a casa, además de las bolitas, me ha regalado un sabroso huesito en honor de la abuela Josefina.