El frescor de la hierba

Esta tarde hemos ido a un parque que no es el parque de los pises y cacas de las mañanas y la tía Marta me ha dejado estar un montón de tiempo oliendo culos de otros perritos, y meando en la hierba y en los árboles, y olfateando el suelo. Creo que cuando la tía Marta me deja estar un montón de tiempo en el parque sin chistarme todo el rato es porque se siente culpable no sé muy bien de qué. Quizá porque se ha pasado toooodo el día fuera de casa y, cuando ha vuelto y le he lamido las piernas para saludarla, sabía a crema para el sol y a aftersun. Pero no lo sé muy bien.

El caso es que me encontraba muy feliz, porque, aunque todavía hacía un poco de calor, había un montón de perritos como yo que acaban de salir a la calle. Y, cuando me acercaba a saludarles, los miembros alfa de esos perritos me miraban con una sonrisa y me tocaban sin parar. Así que estaba muy contento y, como la hierba estaba fresca y olía a otros perritos, me he revolcado de espaldas una y otra vez sobre la hierba. Primero, hacia la derecha; luego, hacia la izquierda. Y la tía Marta se ha reído mucho, porque la tía se ríe sin parar cada vez que me restriego sobre la hierba, porque dice que se me ve muy feliz.