La tía Marta, ese miembro alfa

Ahora que mamá ha regresado, la tía Marta ha abandonado sus funciones de miembro alfa y de líder de la manada. Pero yo sé que siempre podré contar con ella, porque me ha explicado que ella seguirá siendo la tía Marta, y que siempre estará ahí para sacarme a pasear, para acompañarme a olfatear los culitos de otros perritos, para jugar con bam-bam y la pelota de tenis, para darme un buen hueso de galleta o galleta de hueso y para chistarme cuando intente succionar los restos de comida que me tope por la calle. Y es que la tía me ha confesado que le ha encantado convertirse en la líder de la manada de un perrito tan bueno como yo durante todo este tiempo; y que se ha reído mucho conmigo, porque perrito es muy divertido y muy salado; y que no existe en el mundo mayor alegría que llegar a casa y encontrarse a perrito moviendo el rabo sin cesar. 

Y a mí también me ha gustado mucho que la tía Marta fuera mi miembro alfa, porque me ha tocado un montón por todo el cuerpo y me ha dicho cientos de cosas bonitas, porque la tía Marta siempre inventa frases muy bonitas para reforzar mi confianza y mi autoestima, ya que sabe que soy un perrito abandonado en una gasolinera cuya actual mamá se ha marchado fuera unos meses. Además, la tía me ha llevado a pasear, y me ha acompañado al veterinario, y me ha protegido de perritos agresivos y babosos, y me ha llenado mi cuenco con miles de sabrosas bolitas, y me ha permitido dormir en su cama, y tumbarme en el sofá, y se ha preocupado por mí, y me ha bañado con cariño, y ha jugado conmigo, y me ha asesorado con el blog, y muchas cosas más. Por eso yo también quiero que la tía Marta siga siendo la tía Marta y se lo he demostrado lamiéndole un montón las piernas, que sabían a crema hidratante y aftersun. Te quiero mucho, tía Marta.