¡Mamá ha vuelto!

No me lo podía creer, pero esta noche ¡ha vuelto mamá! El caso es que la tía Marta me ha puesto la cena y luego no nos hemos quedado todo el rato en casa hasta que llegara la hora de ir a la cama, sino que la tía Marta me ha colocado el collar verde y la correa, y me ha adelantado no-sé-qué-cosa  de que tenía una sorpresa muy grande para mí. Y yo me he puesto muy contento. No por lo que decía la tía, porque la tía Marta a veces olvida que soy un perrito y que no comprendo ni una palabra de su jerga, porque sus bla-bla-bla son para mí como para ella mis guau-guau-guau. No, no por eso. Me he puesto muy contento porque salíamos a la calle, y en la calle hay otros perritos, farolas que huelen a pises, restos de comida y un montón de cosas más.

Así que hemos paseado hasta un sitio donde reposaban un montón de máquinas enormes que echan humo, atropellan a perritos y pueden transportar a una manada enorme de humanos. Y allí nos hemos encontrado con los abuelos José Luis y Amelia, y con las primas Ane y Miren, y con las tías Olaia, Aran y Rosi. Y me he puesto muy contento. No porque hubiera tanta gente, sino porque debajo de un banco había restos de comida y, forzando un poco el cuello y tirando con insistencia de la correa, podía alcanzarlos sin problema.

Entonces, ha llegado una chica y todos se han puesto muy contentos, y la han saludado, y yo he intentado aprovechar el desconcierto para intentar engullir las apetitosas delicias aplastadas y ennegrecidas que se escondían debajo del banco, porque hasta ese momento la tía Marta me chistaba sin parar y no me dejaba comerlas. Y la tía Marta me ha dicho: “¡Mira, enano, quién está!”. Y yo he seguido olfateando el suelo, porque había comida.

Y luego, no sé muy bien cómo, me he dado cuenta de que la chica esa que se había bajado de una máquina con ruedas olía familiar, aunque no sabía muy bien de qué. Y que su voz también me sonaba un poco. Y entonces me he dado cuenta de que era mamá, y me he puesto la mar de contento, y la tía Marta se ha reído mucho, porque hasta entonces tenía cara de circunstancias. Y eso, que por fin ha vuelto mamá.

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El final de las vacaciones

Hoy la tía Juana ha cogido todaaas las cosas mías que había en su casa y las ha metido en mi bolsa de “irme a pasar unos días con una tía”. Luego hemos llegado hasta la calle de la tía Marta, que yo sabía que era de la tía Marta porque la conozco la mar de bien, y la tía Juana ha llamado al telefonillo. Entonces, se ha abierto la puerta del portal y he oído la voz de la tía Marta que me llamaba una y otra vez: “Argi, Argi”. Y he subido corriendo las escaleras, porque estaba seguro de que la tía Marta me había echado mucho de menos mientras yo estaba de vacaciones en casa de la tía Juana. Y la tía Marta estaba con la puerta de casa abierta, de rodillas, y yo he llegado y le he lamido un montón las manos y los brazos, y ella me ha acariciado sin parar, y me ha dicho que me ha echado mucho de menos y que me quiere un montón. Y la he seguido lamiendo sin parar, porque sabía a crema hidratante, y a After Sun, y porque, como tenía la piel muy oscura, parecía que se había revolcado en chocolate, aunque definitivamente no sabía a chocolate.

Y luego ha subido la tía Juana y han hablado sin parar, y yo las miraba a una y a otra, porque no sabía muy bien si seguía de vacaciones con la tía Juana y habíamos venido de visita a ver a la tía Marta o si habían terminado mis vacaciones con la tía Juana y debía quedarme con la tía Marta. Y al final me he quedado. Y la tía Marta me ha tirado a bam-bam  varias veces, y luego la he seguido por toda la casa y he olido mi camita de Sugus de fresa, y mi camita de la habitación de la tía. Y he bebido del bebedero del baño y del de la cocina. Y la tía Marta se ha sentado en el suelo y me ha dicho que me acercara, y yo he ido moviendo la cola sin parar y con bam-bam en la boca, y la tía Marta me ha explicado que ya no nos vamos a separar, porque me quiere mucho, y me ha tocado por el lomo, las patitas, la tripa y la cabeza. Y me ha gustado un montón, sobre todo porque no sabía muy bien cómo se iba a tomar la tía Marta que yo haya estado tantos días de vacaciones con la tía Juana.